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Se han leído muchos comentarios sobre la actuación del maestro Ferrera en Madrid y, basado en ello, he buscado, como ya lo he dicho antes, la manera de tratar de explicar (nadie me lo pidió, lo sé) lo que yo veo.
Partiendo del punto de conocer, o haber tratado un poco al maestro, sería más fácil entender su concepto del toreo, que en sí no es otro más que sentir y dejarse llevar por el toreo, por la vida, por el momento; así, sin más, dejando salir de sí mismo todo lo que tiene por expresar.
Es una persona que desborda sentimiento; que, si tiene algo bueno que decirte, lo dice con la emoción de saber que te puede cambiar tu propio contexto de sentir, y lo dice no solo por quedar bien, sino por expresar justo lo que siente. Delante del toro es lo mismo: a cada toro le expresa su sentir y se deja llevar por el momento, y en cada segundo desborda de sí mismo todo lo que lleva, con cierta prisa por vivir, porque cuando te das cuenta de que solo hay una vida, las batallas que eliges vivir son efímeras, y es imperante hacerlo en los quince minutos que dura ese toro en el ruedo.
Ahora bien... ¿Al aficionado qué le molesta?
Yo veo a un torero completísimo en los tres tercios; un torero que es dueño de la escena y que todo lo que hace, lo hace bien. Hablando técnicamente, bonito o no, eso ya es decisión de lo que le gusta a cada uno. Con un sentido de la lidia total, colocación perfecta, temple y ritmo, y además sentimiento. Y si hablamos del tan polémico puyazo, técnica, valor, y sentido, así sin más que decir...
Ferrera es quizá un torero basado, hablando del arte de la pintura, en Picasso, con ese cubismo que le caracterizó y que tan criticado fue en su momento. El cubismo es una técnica que busca representar distintos puntos de vista de una misma realidad en una sola obra. A simple vista puede parecer una forma sin forma, algo difícil de comprender; pero, observándolo detenidamente, expresa la personalidad, la emoción y el sentir del artista.
Y así como a Ferrera, Picasso fue criticado; fue sentenciado como -el arte de un payaso-, -locuras- o -garabatos de un niño-.
Velázquez, por el contrario, buscó el realismo en su obra, en su expresión. Con trazos perfectos, llegó a hacer sentir que el cuadro tenía vida o, bien, hacerlo parte de la realidad. Pero Velázquez también fue criticado, ya que sus obras les parecían -demasiado realistas- o -faltas de espectacularidad-, lo que en el toreo podría decirse: -muy técnico-, o -muy puro-.
No se me ocurrió otra manera de comparar lo hecho por el maestro Ferrera más que recurriendo a dos revolucionarios de la creación pictórica que, en su momento, fueron criticados y hasta incomprendidos, pero que hoy ocupan un lugar muy alto en la historia del arte. Dos locos que se atrevieron a ser libres; y, como suele ocurrir con los verdaderamente libres, el tiempo terminó dándoles la razón.
Lo que sí es innegable, es que Picasso, Velázquez, Ferrera, y todo el que se atreve, en ésta vida nunca pasa desapercibido, y provocan ese -algo- que nos tiene más que hablando, sintiendo...
? Tauro Nota Juanelo Lopez cambios realizados con IA.