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Martes, 25 Mar 2025 Puebla, Pue. Horacio Reiba | La Jornada de Oriente
Entre un legislador y un taurino, en tiempos convulsos para la Fiesta.
En estos tiempos de tanta desinformación, con los grupos animalistas desbordados de júbilo y una sociedad desconocedora, en su inmensa mayoría, de lo que la fiesta de los toros significa para la comunidad taurina, queda este diálogo imaginario a toma y daca, que puede servir para revelar el pensamiento de aquellos a quienes nos gustan los toros.
Taurino: Con la improcedente alcaldada del día 18 se están liquidando cinco siglos de uno de los acontecimientos más singulares de la historia y la cultura popular de la ciudad de México.
Legislador: En absoluto. México votó por la paz y lo que hemos hecho es eliminar desde un gobierno y una legislatura sensibles el último vestigio de la barbarie en su forma más anacrónica y sangrienta: las corridas de toros.
Taurino: La fiesta de toros podrá ser cruenta pero no cruel, dicho esto, entre muchos otros y de muchas maneras, por filósofos como José Ortega y Gasset y Fernando Savater, y por autores como Camilo José Cela, Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa, tres premios Nobel de literatura, como lo fue Ernest Hemingway, también taurófilo declarado.
Legislador: Hablas de otros tiempos y de mentalidades ya superadas, propias de generaciones menos conscientes y compasivas que las actuales.
Taurino: Eso que dices es algo muy difícil de sostener a la vista de lo que está ocurriendo en Gaza, Ucrania, Estados Unidos o… Teuchitlán.
Legislador: Mencionar eso ahora es jugar sucio. Es apostar a la politización con fines perversos de una medida de salud pública que va a contribuir a mejorar la calidad de vida en nuestro país, empezando por su capital.
Taurino: Habría que demostrarlo.
Legislador: Todo mundo sabe que mantener como estaba un espectáculo donde se tortura y se da muerte de seres sintientes sólo puede contribuir a envenenar el ambiente social, sembrando semillas de violencia y corrompiendo la compasión entre los aficionados a ese espectáculo salvaje y absurdo.
Taurino: Tus palabras son duras pero sobre todo gratuitas. Insultas no sólo a la fiesta brava sino a quienes viven de ella y a cuantos disfrutamos de la cultura del toro. Incurrir en semejante falta de respeto exige una explicación. Y para que ésta sea válida, pedimos que, si así se nos maltrata, cuando menos sea sobre las bases de un mínimo conocimiento de lo que ustedes han juzgado, condenado y suprimido.
Legislador: ¡Pero si es así, no hay aquí exageración ni insultos! Como la jefa de gobierno declaró ante los medios, nos respalda un 85 por ciento de la ciudadanía consultada, contraria a las corridas de toros.
Taurino: Sabemos de tu ciega confianza en las encuestas, que no compartimos; pero a ver: ¿se preocuparon ustedes y sus encuestadores en hacer pública su metodología, el campo de aplicación, el rango de confiabilidad? ¿Serían capaces de dar a conocer las preguntas del cuestionario para que podamos conocer si estaban redactadas equilibradamente o inducían a las respuestas esperadas? ¿Y hubo modo de averiguar si los encuestados sabían de qué se hablaba o respondían de oídas, en consonancia con la corrección política en boga? Porque la demoscopía se supone que es una ciencia. Inexacta, pero que aun así requiere manejarse con rigor y cuidado.
Legislador: Una mayoría tan aplastante no necesita de más explicaciones. Y la votación en el Congreso de la ciudad tampoco: 61 votos a favor de la tauromaquia sin sangre, un solo voto en contra. Por única vez, la oposición votó con Morena en apoyo a la propuesta de la jefa de gobierno.
Taurino: Para nosotros, lo único que eso demuestra es hasta qué punto se ha venido trabajando durante décadas para invisibilizar la cultura taurina, que alguna vez fue pasión nacional. Y también, si me permites agregarlo, la irresponsabilidad con que se legisla en México.
Legislador: Lo primero sería, en todo caso, responsabilidad de ustedes, dicho sea sin conceder eso de pasión nacional, tal vez válido para la España franquista solamente.
Taurino: Es verdad que la Fiesta Brava se descuidó en México durante décadas y lo pagó con un notable descenso en su fuerza de penetración popular. Pero lo que dices a continuación solamente revela tu ignorancia absoluta sobre el tema y la historia.
Legislador: Más ignorante es quien no sea capaz de respetar la vida y el bienestar de seres sintientes, como la ciencia ha demostrado que son los toros y otros mamíferos. Y si las corridas ya estaban en decadencia en México como lo acabas de reconocer, entonces nuestra propuesta de una tauromaquia sin derramamiento de sangre deberían verla los taurinos no como un agravio sino como su última oportunidad de supervivencia. A salvo la tradición que dicen amar, pero ahora sin violencia.
Taurino: El concepto de "sintiencia" significó en un principio percepción del sufrimiento, y para sufrir se requiere conciencia racional del dolor y certeza anticipada de la muerte; la "sintiencia" es, por lo tanto, un complejo temblor existencial exclusivo de la psique humana, no dolor a secas. En todo caso, más sintientes que los bóvidos pueden ser las hormigas, las abejas, ciertas aves, los castores… y se sabe que las moscas comparten más del ADN humano que los toros. Pero ninguna de estas especies ha merecido la conmiseración y activismo de los antitaurinos. Esas contradicciones los reducen a ustedes en la categoría de politiqueros oportunistas.
Legislador: De politiqueros es no reconocer el gran paso hacia la cultura de la paz que ha dado la ciudad de México, no sólo su Congreso sino la inmensa mayoría de sus ciudadanos. Y además estamos siendo generosos: en vez de suprimir la tauromaquia le damos la oportunidad de subsistir en una versión digna del siglo XXI, sin sangre ni violencia.
Taurino: Además de repetitivo tu discurso suena, con perdón, muy demagógico.
Legislador: Lo que pasa es que la derecha sólo sabe defender sus privilegios y eso incluye los trasnochados gustos de tantos conservadores deseosos de seguirse exhibiendo con puro, mujer y alcohol en las plazas de toros. La tauromaquia es machista y misógina por naturaleza. Y este es un tiempo de mujeres.
Taurino: Más demagogia barata, mi amigo. Para tu conocimiento, en su época de oro el toreo en México fue confluencia masiva en las plazas de toros de todos los estratos sociales, un gozoso ejercicio familiar de democracia en libertad. Pero no eludamos la pregunta, ¿se fueron ustedes por la libre con su disparate taurómaco convertido en ley o fue resultado de un consenso entre todas las partes involucradas, como por obligación debe corresponder a cualquier decisión legítimamente democrática?
Legislador: Somos un Congreso respetuoso de las leyes, y la ley sobre bienestar animal y en contra del maltrato está consagrada en la Constitución General de los Estados Unidos Mexicanos.
Taurino: Eso suena a sermón rancio; además no estás contestando lo que te pregunté.
Legislador: Claro que hubo una amplia consulta previa. La propuesta de la jefa de gobierno nace de la voluntad de compaginar la preservación de las tradiciones con la modernización de las costumbres y el respeto absoluto a los seres sintientes.
Taurino: ¿Hablas de derechos humanos para los animales? ¿En eso consiste poner al día la tradición y las costumbres, que son cosas distintas por si ustedes no lo saben? ¿Y el camino para lograrlo es la censura, un recurso tradicional de los poderes dogmáticos y los gobiernos autoritarios?
Legislador: Nunca como hoy hubo tanta democracia en México.
Taurino: Pero déjeme terminar la idea: dices que el engendro llamado tauromaquia sin violencia fue consensuado –¿por qué Comisión? ¿quiénes la integraron?–, que tuvieron participación representantes de quienes viven económicamente del toreo –nombres, nombres–. Yo –nosotros– denunciamos la absoluta falsedad de esa afirmación. Porque ninguna persona medianamente informada en materia taurina aceptaría disparates como una lidia de diez minutos sin el castigo en varas, ni el desahogo que el tercio de banderillas se le permite al toro antes de la faena de muleta, y mucho menos el retorno de ese hipotético bicorne con sus astas forradas para hacerlo incapaz de herir a su paraíso campirano, que lo es verdaderamente, y más si comparamos su crianza como amo y señor de la dehesa con el hacinamientos en que se mantiene a otras especies comestibles antes de convertirlas en picadillo mediante métodos, esos sí, atroces en la práctica y para nada atentos a si se trata o no de seres sintientes.
Legislador: Bueno, pero su muerte no es pública ni se hace por diversión.
Taurino: Lo cual si algo denota es la hipocresía, de la sociedad en general y de ustedes –políticos y legisladores– en este asunto particular. Pero además está el daño económico que se inflige al comprometer el futuro de quienes se ganan la vida a través de profesiones y oficios ligados a la tauromaquia y cuanto la rodea.
Por cierto, son menos los toreros, ganaderos, apoderados, empresarios y periodistas a los que automáticamente se les está suprimiendo su derecho al trabajo que los miles de familias ligadas en alguna forma a la economía de la corrida, desde vaqueros, caporales, veterinarios y agricultores hasta transportistas, comerciantes, hoteleros, restauranteros, artesanos, impresores, cartelistas, carniceros, empleados de las plazas y quien sabe cuántos afectados más. Por lo visto, todas esas personas y quienes de ellas dependen no deben ser tan sintientes ni dignos de atención como lo es el toro de lidia. Una variedad animal a la que de paso están condenando a desaparecer sin que les importe que forma parte de la fauna endémica de nuestro país. Esto, la defensa de la biodiversidad nacional, también está consagrada en la Constitución, cosa que ustedes callan. Ya sea por ignorancia –una más– o porque vende menos imagen que la supresión de las corridas, tan aplaudida por las mayorías con mayor fuerza y entusiasmo conforme menos sepan y conozcan de historia y cultura taurinas.
Legislador: Si ya terminaste yo me marcho. Mis altas responsabilidades me llaman a atender otros asuntos igual de importantes o más que este de los toros. Con permiso.
Y nuestro legislador se levantó y se fue, como la firmeza de quien parte plaza pero acusando ya cierta tendencia a rajarse y barbear las tablas, como ser sintiente al fin y al cabo.
Mientras tanto, el desolado taurino mexicano se quedó pensando que, a pesar de los pesares, existen argumentos más que suficientes para revertir los efectos del ramalazo legaloide, pero sólo a condición de que quienes dicen amar la Fiesta sepan unir inteligencias y recursos, y demostrar ese amor presentando buenas razones ante los tribunales en vez de seguirse lamentando.
Texto tomado de la página de internet www.altoromexico.com
En www.toriles.com reafirmamos lo que se está viviendo en México, con el actual gobierno absolutista de mentirosos e ignorantes desde el pasado gobierno Morenista y sus actuales seguidores, que no ven lo que sucede todos los días, con las desapariciones y muertes de los humanos, que prefieren ignorar y no defendiendo sus derechos. Como lo manda la Constitución.