Un Torero


Antonio Velázquez

¡UN TORERO!
12/6/2018

Nacido en el seno de una familia humilde -su padre era un modesto zapatero-, sintió desde niño una viva afición taurina que le impulsó a ponerse delante de becerras y novillos a muy temprana edad. Fruto de esta precocidad, antes de haber cumplido los trece años de edad tuvo ocasión de enfundarse su primer traje de luces en la plaza de toros de San Pedro Piedra Gorda (Guanajuato), donde, el día 3 de mayo de 1935, compartió cartel con otra jovencísima promesa del toreo Azteca, Alberto Montalvo. En compañía de este, formó parte de una cuadrilla juvenil leonesa que recorrió numerosos ruedos provincianos de México, y pronto halló ocasión para curtirse en el duro oficio de banderillero, a las órdenes del célebre diestro de Mixcoac Luis Castro Sandoval ("El Soldado").
Ya fogueado en las ásperas lides de la brega, el día 19 de junio de 1942 hizo su presentación, en calidad de novillero, en las arenas del coso capitalino de El Toreo, donde alternó con el joven Antonio Toscano de la Torre en la lidia de unas reses pertenecientes a la ganadería de Piedras Negras. Su espléndida actuación, jalonada por ese temerario valor que habría de reportarle numerosas cogidas a lo largo de su posterior trayectoria profesional, le permitió repetir actuación en dicha coso durante otros cinco festejos a lo largo de aquella temporada de 1942, en la que se alzó con el premio de la Oreja de Plata.
Consolidado, así, como uno de los novilleros punteros del momento, a comienzos de la campaña siguiente Antonio Velázquez se halló en condiciones de afrontar su anhelado paso al escalafón superior. Para ello, el día 31 de enero de 1943 volvió a hollar las arenas del ruedo de El Toreo, esta vez acompañado por su padrino de alternativa, el aclamado espada de Saltillo Fermín Espinosa Saucedo ("Armillita Chico"), quien puso en manos del toricantano la muleta y el estoque con los que había de trastear y despenar a Andaluz, un burel criado en las dehesas aztecas de Pastajé. Testigo de esta emotiva ceremonia, también estuvo presente aquella tarde Silverio Pérez Gutiérrez ("El faraón de Texcoco"), quien enjaretó al astado Tanguito un soberbio faenón que eclipsó los méritos contraídos por Antonio Velázquez ante la afición capitalina en el día de su alternativa.
No obstante, el joven espada de León de los Aldamas se fue ganando un merecido sitio entre los principales matadores de toros mejicanos del momento, en parte debido a la exhibición de un portentoso valor que, en la temporada de 1945, le llevó a ser herido de gravedad en las arenas de la capital azteca. Lejos de amilanarse por este serio percance, aún no había concluido dicha accidentada campaña cuando Antonio Velázquez decidió poner a prueba su valía como matador de reses bravas en la cuna del Arte de Cúchares, por lo que cruzó el océano Atlántico y se presentó en la Península Ibérica para confirmar su doctorado en tauromaquia, ante la primera afición del mundo, el día 4 de octubre de 1945. Sobre el redondel de la madrileña plaza de toros Monumental de Las Ventas, el animoso espada mejicano fue apadrinado por el gran torero gitano Ignacio Rafael García Escudero ("Rafael Albaicín"), bajo la atenta mirada del no menos célebre coletudo hispalense José Martín-Vázquez Bazán ("Pepín Martín Vázquez"), que comparecía en calidad de testigo. Aquella tarde se celebró en Las Ventas la tradicional Corrida de la Prensa, en la que se jugaron reses de seis ganaderías distintas. Bien recibido en suelo hispano, el diestro de León de los Aldamas cumplió ocho ajustes en plazas españolas antes de que concluyese aquella temporada de 1945.
De regreso a su país natal, recogió en distintas plazas los frutos de sus triunfos en España, y se consolidó como uno de los toreros punteros del escalafón, a pesar de las graves heridas que le infirieron algunos toros. No obstante, debido a la ruptura de relaciones entre los profesionales taurinos de México y España, no pudo volver a vestirse de luces en la Península Ibérica hasta la campaña de 1951, en la que renovó sus antiguos éxitos españoles -bien es verdad que sin hollar el redondel venteño- a lo largo de treinta y dos festejos. Al año siguiente sólo hizo el paseíllo en España en catorce ocasiones, pero en una de ellas, verificada en la plaza de toros de Madrid el día 29 de junio de 1952, cortó un apéndice auricular a un magnífico ejemplar de Juan Pedro Domecq que fue premiado con una vuelta al ruedo en su arrastre hacia el desolladero de Las Ventas. En aquella magnífica tarde de toros, también cortaron una oreja sus compañeros de cartel, el madrileño Rafael Llorente Crespo y el mejicano Juan Silveti Reinoso.
De nuevo en México, Antonio Velázquez Martínez se consagró como una de las figuras del toreo más importante de la década de los años cincuenta, a pesar de los serios percances que le ocasionaba su temerario valor. Entre ellos, sobresale negativamente por su espantosa gravedad el que sufrió el día 30 de mayo de 1958 en el coliseo capitalino de El Toreo, cuando compartía cartel con los espadas Humberto Moro Treviño y José Ramón Tirado Robles, en la lidia de reses pertenecientes a la ganadería de Zacatepec. El cuarto toro de la tarde, que atendía a la voz de Escultor, le infirió una gravísima cornada en el lado derecho del cuello, con perforación de la lengua y la bóveda del paladar, y fractura del maxilar inferior y de la base del cráneo. A pesar de esta terrible cogida, que le dejó la secuela permanente de una dificultad funcional para hablar, Antonio Velázquez -conocido por aquel entonces entre sus paisanos, debido a su temerario arrojo, como "Antonio Corazón de León"- se repuso enseguida y volvió a practicar el ejercicio activo del toreo, del que tampoco le apartó, años después, una tremenda cornada recibida en el vientre.
Sin embargo, esa fatalidad que le había estado rondando dentro de los cosos a lo largo de toda su carrera taurina le alcanzó, finalmente, cuando ya había abandonado la profesión taurina. En la tarde del 15 de octubre de 1969, mientras mostraba a sus amigos los progresos de unas obras que se realizaban en la azotea de su domicilio de la capital mejicana, Antonio Velázquez Martínez perdió pie desde una altura equivalente a un sexto piso y se estrelló contra el pavimento de la calle.
Bibliografía.
- ABELLA, Carlos y TAPIA, Daniel. "De Luis Miguel Dominguín a El Cordobés" en Historia del toreo, vol. 2 (Madrid; Alianza, 1992, 3 vols.).
- COSSÍO, José María de. Los Toros (Madrid; Espasa Calpe, 1995, 2 vols.).
- GUARNER, Enrique. Historia del toreo en México (México, 1979).
- ORTIZ BLASCO, Marceliano. Tauromaquia A - Z (Madrid, 1991, 2 vols.).
- Diccionario de la Tauromaquia (Madrid; Espasa Calpe, 1995).
- VILLATORO, Ángel. Antología taurina mexicana (Madrid, 1964).
- VINYES RIERA, Fernando. México, diez veces llanto (Madrid; Espasa-Calpe, 1987).

Autor: Texto extraido de www.mcnbiografias.com

 

 

Antonio Corazón de León
Recibió la alternativa de manos del maestro Armillita
Le dio la alternativa a Eloy Cavazos y de testigo Manolo Martínez