Un Torero


Fernando de los Reyes, El Callao

¡UN TORERO!
16/3/2018

En el planeta de los toros es conocido por el sobrenombre artístico de "El Callao".
Impulsado por una temprana vocación, se lanzó a la aventura del toreo y, tras haber tomado parte en algunos festivales y tentaderos que le sirvieron para convencer a sus primeros mentores del alcance de sus cualidades, logró estrenar su primer terno de luces el día 8 de agosto de 1948, en el pequeño coso de San Juan (Zitlaltepec). Inició, así, una brillante trayectoria novilleril en la que se destapó como una de las jóvenes promesas del toreo azteca más dotadas de clase y finura, si bien tuvo la mala fortuna de no poder refrendar su categoría -acreditada en numerosos ruedos de provincias- en las arenas de la capital mexicana, donde una y otra vez protagonizó discretas actuaciones.
Su presentación como novillero en Ciudad de México tuvo lugar el día 1 de mayo de 1949, fecha en la que hizo el paseíllo sobre las arenas de la plaza del El Toreo para compartir cartel con los jóvenes aspirantes "Tacho Campos" y el "Jarocho". Posteriormente, volvió a intervenir en varios festejos celebrados en este coso, así como en otros verificados en el redondel capitalino de la plaza Monumental de México, sin que lograse convencer de sus buenas maneras a la primera afición de su país. Tal vez por ello, Fernando de los Reyes no se animó a tomar la alternativa entre sus compatriotas, y decidió cruzar el Atlántico y completar su aprendizaje novilleril en la cuna del Arte de Cuchares.
En efecto, durante las temporadas de 1952 y 1953 se anunció como novillero en diversas plazas españolas, e incluso llegó a comparecer ante el severo dictamen de la primera afición del mundo. Corría, a la sazón, el día 7 de septiembre de 1952, fecha en la que "El Callao" cruzó por vez primera el redondel madrileño de Las Ventas para protagonizar una buena actuación que fue premiada con una vuelta al ruedo. Un año después (concretamente, el día 6 de septiembre de 1953), Fernando de los Reyes hizo el paseíllo sobre el ruedo de la plaza de toros de Segovia, dispuesto a recibir el doctorado taurino que habría de integrarle en el escalafón de los matadores de toros. Fue su padrino de alternativa el afamado coletudo sevillano Manuel Vázquez Garcés ("Manolo Vázquez"), quien, bajo la atenta mirada del no menos célebre espada venezolano César Antonio Girón Díaz, que comparecía en calidad de testigo, cedió al toricantano los trastos con los que debía afrontar la lidia y muerte a estoque de una res brava criada en las dehesas de don Felipe Bartolomé.
Tras este doctorado taurino otorgado en suelo hispano, "El Callao" regresó a su país natal y renunció a la alternativa para volver a anunciarse como novillero, categoría en la que se mantuvo hasta el 8 de diciembre de 1956. Aquel día, ya con veintisiete años cumplidos, cruzó la arena de la capital azteca para volver a recibir la alternativa, pero esta vez ante sus compatriotas y de la mano del gran torero de San Luis de Potosí Fermín Rivera Malabehar; el cual, hizo uso de sus atribuciones como padrino y convocó en el ruedo al toricantano y al testigo de la ceremonia -el diestro onubense Antonio Borrero Morano ("Chamaco")- para invitar a Fernando de los Reyes a que lidiara y estoqueara un astado perteneciente a la vacada de Jesús Cabrera.
A partir de esta segunda alternativa, el fino espada mexicano se mantuvo en activo hasta la campaña de 1969, aunque ocupó siempre -por culpa de una rara apatía que dotaba a su arte de cierta frialdad y melancolía- un discreto segundo plano entre los diestros mexicanos contemporáneos. Tras su retirada del toreo, permaneció inactivo durante cerca de tres lustros, aunque el gusanillo de la afición le animó a reaparecer cuando ya había rebasado con creces los cincuenta años. Su vuelta a los ruedos, sin embargo, no vino despojada de esa abulia que había lastrado su toreo durante su anterior etapa profesional, y en 1983 "El Callao" protagonizó un penoso incidente en el coliseo de su ciudad natal, donde se negó a dar muerte a su segundo enemigo. Tras este triste broche, el nombre de Fernando de los Reyes Pichardo no volvió a aparecer en los carteles taurinos.
Bibliografía.
- ABELLA, Carlos y TAPIA, Daniel. “De Niño de la Capea a Espartaco" en Historia del toreo, vol. 3. Madrid: Alianza, 1992. 3 vols.
- COSSÍO, José María de. Los Toros. Madrid: Espasa Calpe, 1995. 2 vols.
- GUARNER, Enrique. Historia del toreo en México. México, 1979.
- VILLATORO, Ángel. Antología taurina mexicana. Madrid, 1964.
- VINYES RIERA, Fernando. México, diez veces llanto. Madrid: Espasa-Calpe, 1987.
Autor: José Ramón Fernández de Cano con la colaboración de César Pichardo, sobrino del personaje biografiado.
FUENTE: Texto extraído de www.mcnbiografias.com